ALUBIAS BLANCAS A LO SERGIO LEONE

Sales ya cruzada de la farmacia. Te han quitado tres euros por el copago y el boticario ha terminado de rematarlo: “vamos señora, no se enfade tanto sólo por un puñado de euros”. Será cretino el tío, encima me llama señora. Le has lanzado los tres euracos desde  el pulgar sobre el mostrador, uno a uno, fijando tu mirada en sus incrédulos ojos.

De camino a casa entras en el DIA. Esta tarde tienes una reunión a las cuatro con el capullo de tu jefe. No te da tiempo a preparar la comida si quieres echarte luego una cabezadita. Coges una lata de alubias blancas, de marca blanca. En las tres líneas de caja esperan tres personas en cada una de ellas. Miras a la cara de los cajeros. Aplicas tu experiencia como jefa de recursos humanos. Aprecias los tres perfiles: El bueno, el feo y el malo. Vas a por el malo, después de lo de la farmacia tienes fuerza para todo. Es más, se apodera de ti un sentimiento de justiciera al ver cómo ha gritado a una viejecita que devolvía unos productos.

¿Tarjeta DIA? No. Por favor, puedes abrir el bolso a ver qué llevas. Si tienes huevos lo abres tú. Huevos en el segundo pasillo a la derecha. Eres muy gracioso, me has alegrado el día. Son 1,35 euros, señora. Sacas una moneda de dos euros del monedero y la lanzas al aire sobre su cabeza. Quédate el cambio. Aprovechas que levanta su brazo derecho en busca de la moneda para sacar una cerilla de una cajetilla expuesta al lado de la caja y se la restregas por su barba de tres días. Enciendes un piti y te alejas con jerarquía, sin mirar atrás.

En casa buscas el cazo más tiñoso. Abres la lata y pones a calentar las alubias blancas durante 15 minutos. Aunque es comida preparada, es fundamental recalentarla un cuarto de hora para conseguir que se pegue al fondo y que las alubias  adquieran ese  aspecto pastoso de las películas del oeste que invitan al vómito tras la primera cucharada. Apagas el fuego y lo viertes sobre el plato metálico que te llevabas de pequeña a las acampadas, ese que al verlo tus compañeros te decían riendo si ibas a buscar oro.

Enciendes la tele mientras engulles la bazofia. Es importante coger la cuchara al estilo penitenciario. Sujeta el plato con una mano muy cerca de la boca y con el otro brazo agarrotado a la misma altura mueve la muñeca como un molinillo.

Fundamental también sintonizar Telemadrid durante la comida. No debes perder el estado de irritación con el que has llegado hasta el sofá. El maridaje perfecto con las alubias blancas recalentadas del DIA es el programa madrileños por el mundo. A todos les va de puta madre, llegaron por amor, sin un duro, sin hablar idiomas, y ahora están forrados, son empresarios de éxito, sus parejas son modelos, pilotan tres idiomas y sólo volverán a Madrid por vacaciones.

Te entra la modorra, las alubias surten efecto. Dispones de 20 minutos para la cabezadita antes de dirigirte al salvaje Metro. A las puertas de la fase REM suena el telefonillo del portal. Lo ignoras. No son horas para molestar. Suena por segunda vez, más contundente. Esperando lo peor abres el cajón de la mesilla del cuarto de estar y sacas unas tijeras. Das un tajo a la mantita que te habías echado por encima y te la enfundas como un poncho. Te acercas al telefonillo. ¿Sí? Cartero, traigo una carta certificada. ¿De dónde? De la DGT. Otra fucking multa por dejar el dos caballos mal aparcado, seguro. Sube, sube.

La firmarás y recogerás. Pero el cartero no se va a ir de rositas. No. La siesta tenía un precio.

Como siempre, este video tutorial te ayudará a preparar el plato.

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