MENÚ CONSONÁNTICO

Ayer por la noche estuviste viendo en la tele una peli sobre raperos americanos malotes. El argumento no había por donde cogerlo, pero la estética callejera y la música te fascinó.

A pesar de no entender ni papa de las letras, la sonoridad de las rimas te enganchó. Te fuiste a la cama imitando el gesto favorito de los poetas urbanos del Bronx: mano extendida hacia adelante, movimiento inverso hacia el pecho golpeándolo y vuelta a estirar el apéndice.

Ya por la mañana el beat sigue dentro de ti. Necesitas rimar, poner letra a la base sonora registrada en tu cabeza. Como el hábito hace al monje te enfundas el chándal blanco, le quitas una cinta del pelo a tu chica y te cuelgas del cuello un collar de perlas que te dejo tu abuela en herencia.

¿Cómo canalizar el torrente artístico que llama a tu garganta? ¡La cocina! Allá que vas, deslizándote hacia atrás, a lo Michael Jackson. ¿Y de qué hablo? ¿Qué cocino mientras armo ripios? Sientes que has de rapear entre fogones y que la improvisación te llevará a un plato, no sabes cuál, ese es el reto. Arte y cocina.

Un martilleo en la pared de los vecinos te proporciona la base sobre la que rapear. El grito de la vecina del tercero, “¡Mamá, que si quieres un té, ¿qué? Un té, un té!, te da la entrada: té, té, tete, té, té, teté. El sonido de la olla exprés que se cuela por el patio interior añade otra capa más a la base, “psssf, psssf,pssf”.

Ya tienes la alfombrilla roja, el envoltorio, sólo falta que des un paso adelante. Colocarte bajo la luz del fluorescente de la cocina y encontrar tu plato a través de la música y las palabras.

Tu primer intento: Tomate, ate, en ensalada de aguacate, ate. Lo acompaño con Caballa de Barbate, ate, ate.

Nadie dijo que fuera fácil. Este video tutorial te ayudará a elaborar tu primer menú consonántico.

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