MENÚ SURREAAALISSTAAAA.

Toda la semana venía repleta de acontecimientos surrealistas: el ministro Cañete proponía como política de ahorro energético ducharse con agua fría, que además es muy buena para la circulación sanguínea; mi perro andaluz se comportaba como un gato, lamiéndose las patas y subiéndose a los árboles para que los bomberos de la calle Ronda de Segovia acudiesen a rescatarlo (se vuelve loco con la luminotecnia sonora); el gato de mi vecina apareció en la puerta de mi casa con el periódico en la boca.

Me trajo el ABC abierto por la página de cultura que anunciaba la exposición de Dalí en el Reina Sofía. Sin duda una señal. Me vestí, lancé un ovillo de lana a mi perro para que se entretuviese durante mi estancia en el museo y me dirigí rumbo al mundo onírico de Eugenio Salvador Dalí.

Salí de la exposición tocado, también con mucha hambre. Los sueños, los juegos de Dalí con las dobles imágenes y sobre todo, el cuadro de Gala atomizada me inspiró el plato que prepararía para mi chica. Quería demostrar que yo también poseía un lado artístico.

Al llegar a casa recolecté todos los alimentos circulares que encontré: Kikos, aceitunas, tomates cherrys, garbanzos, ciruelas, bolitas de ganchitos, huevos, y en un arrebato de inspiración, una cebolla que reservaría para el toque final.

Construí cinco aros de distintos tamaños, tres arriba y dos abajo, de tal modo que se intersectasen con el que tenían al lado y en el plano inferior.

Sonó la puerta. Era ella. La conduje enseguida hacia el comedor. Ponte cómoda, ya está la comida. Saqué mi creación. Junto al plato de aros coloqué una cebolla que partí inmediatamente.

–          ¿Qué es esto?- Dijo medio llorando por el efecto de la cebolla

–          Un plato olímpico.

–          Vaya mierda- oh, mi Gala, pensé

–          Sí, sería una pena que nos den las Olimpiadas con la crisis que hay. Pero habrá que comer, ¿no?

Como siempre el video tutorial.

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