EL SUPERTROL Y LAS LECHUGAS SUBVERSIVAS

Adelantándonos a la feria del Libro y ejerciendo de editores alternativos, vamos a publicar un cuento inédito de Karmele y Manuel (como expertos del marketing alternativo, también les sugerimos que aprovechen la sonoridad de esos nombres para atreverse con bulerías y martinetes).

Karmele y Manuel son vecinos de Fresnedillas de las Olivas, lugar donde reciéntemente desmantelaron un huerto escolar por orden del Concejal reinante.  Y como respuesta, decidieron escribir este cuento-relato para ser contado a los niños del pueblo dentro de veinte años.

Aquí va el cuento:

“Érase una vez, en un pequeño pueblo de la sierra de Madrid, un supertrol que vivía parapetado en su sombrío castillo. Los habitantes del pueblo sabían de su existencia, pero muy pocos habían logrado verle en persona. La única señal evidente de su continua presencia era el apestoso olor que emanaba del castillo y que invadía todo el pueblo colándose por la más pequeña rendija.

El supertrol se sentía dueño y señor de todas las cosas. Como otros seres parecidos a él, se alimentaba fundamentalmente de hormigón armado en todas sus variedades y formas: edificios, casas adosadas y sin adosar, aparcamientos subterráneos… Entretenía su tiempo libre asustando a los forasteros que se acercaban casualmente, odiaba que gente nueva se instalara en su territorio.

Un día el supertrol se levantó malhumorado y se propuso construir un colegio muy alejado del pueblo para que los niños y sus familias se cansaran en el tortuoso camino y no quisieran ir. Sin embargo, ante su mayúscula sorpresa, los niños y sus familias superaron todas las dificultades y llegaron al nuevo colegio.

Los profesores, padres y madres quisieron hacer del nuevo colegio un lugar habitable y decidieron plantar un huerto en un pequeño rincón bien soleado. Fue un día feliz y quedaron todos muy satisfechos, incluidas las lechugas.

Tumbado en su camastro, el supertrol despertó alarmado por un sueño inquieto. El putrefacto olor de su castillo había sido sustituido por un aroma a tierra fresca. Sus trols subordinados corrieron a informarle de lo que estaba sucediendo; la reacción del supertrol resonó en todo su territorio: “¿quién se atreve a plantar sobre mi tierra?”

Rojo de ira (muy a su pesar), envió al colegio a sus trols más sumisos con la intención de destruir el huerto, cobardía que cumplieron con diligencia y sin remordimientos.

Pero he aquí que cuando el supertrol se ufanaba, oculto en la más profunda estancia de su castillo, de haber restablecido el poder absoluto sobre su territorio, los padres, madres, profesores y niños volvieron a plantar el huerto y las lechugas volvieron a enderezarse, tiernas y lozanas.

La noticia de estos acontecimientos no tardó en extenderse por toda la comarca, mucho más allá de los territorios del supertrol. Finalmente llegó a los oídos de sus jefes, los supermegatrols, que le dieron una buena reprimenda al juzgar su comportamiento demasiado torpe y sucio, incluso para lo que es habitual en un trol.”

Anuncios