ZARZUELA DE MARISCO BAJO UN LECHO DE LECHUGAS

Hace mucho que no comes pescado del bueno. Más aún frutos del mar, como llama tu compañero de piso francés al marisco.

Del fin de semana no pasa. Langostinos, navajas, mejillones, unas gambitas, almejas y camarones. Uhm, amo los camarones.  Con eso bastará para calmar esa parte del cerebro que ya casi no recuerda el sabor a mar.

Te pasas un día antes por el mercado para hacerte una idea del valor del capricho. Una rápida mirada por la primera línea del mostrador imprimen en la parte más racional del cerebro una cifra: 30 eurazos.

Está difícil, pero aplicando unos pequeños recortes a tu presupuesto mensual crees que podrás darte el homenaje. Tendrás que arañar unos 10 euros a tu beca. ¡Ah, que no te la han dado este año! No pasa nada. Rebañamos de la nómina. ¡Ah, que te han echado del restaurante donde trabajabas en negro y te pagaban 400 euros al mes! Bueno, habrá que ingeniárselas por otra parte. Somos mediterráneos. No será por imaginación.

¿Y si se lo pides al francés? Le dices que se lo devolverás tan rápido como salgas de esta pequeña mala racha. Puede chupar las cabezas de las gambas por el aval. ¡Ah, que le debes ya 200 euros!

¿No te has preguntado que quizás estés viviendo por encima de tus posibilidades? Abre la nevera. Mira, hay dos hojas de lechuga.

¿Y qué le echo? Nada, serán el lecho del plato. Ponte ahora una rumbita flamenca. Los chichos. Mejor  Estopa que son más de tu generación. Ahora concéntrate en los platos de marisco que comías cuando viviás en casa de tus padres. Evoca esos recuerdos culinarios.

No es una zarzuela. Pero un lecho de lechugas con una rumbita es buen brote verde.

Como siempre un video tutorial para penetrar en la parte más emocional del cerebro.  Cierra los ojos, Camarón

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