SIN PRISA PERO CON PAUSAH

Llevaba una semana muy apático. El sofá del comedor se calcificaba en mi espalda. ¿Me estaría convirtiendo en una coral doméstico? ¿Pero qué fauna marina albergaría en el comedor de mi casa? Me agobié tanto con estos pensamientos que parecían conducirme a estados alucinógenos, que decidí salir de Madrid durante unas horas, quizás días. ¿Pero adónde? Si estaba apático, prácticamente irreflexivo. En un momento de lucidez cogí una guía de carreteras. Cerré los ojos y posé el dedo índice sobre la hoja de Madrid. Al abrirlos mi apéndice señalaba Guadalajara.

Con un destino claro me activé como un rayo. Ya estaba en la carretera. Me entró hambre. Me pasa siempre que me ilusiono. El estómago decidió hacer una pausa en  Alcalá de Henares. Nunca había estado antes aquí. Patrimonio de la Humanidad, ciudad del saber. Mis jugos gástricos acertaron de pleno.

Paré en un bar cercano a la Universidad. Me acerqué a la barra a pedir un copioso almuerzo.

–          ¿Qué pausa?-Me pareció entender esta familiar  expresión al camarero

–          Pues nada, a pedir un cafetito con una tostadita

–          Eso está hecho. ¿Viene a conocer la Universidad?

–          No, he hecho una pausa en el viaje. Voy a Guadalajara

–          Para hacer una pausa se necesita más tiempo que media horita. Y muchas más personas que quieran tomar café. ¿Conoces la pausa de Alcalá?

Uy, uy. Creí que mi lucidez se desvanecía y volvía al mundo de los corales. Retiré rápidamente el desayuno de la barra y me senté en una mesa donde descansaba un periódico local. Me ayudaría a airear el cerebro.

La primera página anunciaba la creación de una plataforma con el nombre de Pausah (oh, cielos, mi cabeza). Seguí leyendo. Me tranquilicé. Se trataba de una plataforma por la agricultura urbana social de Alcalá que aglutinaba a veinte asociaciones locales. Su objetivo era “que la ciudad recuperase vínculos con el mundo y la cultura rural, rompiendo la ilógica dependencia que actualmente existe en el abastecimiento de productos frescos. Para hacer más viable el proceso proponían  hacerlo con criterios de agricultura ecológica, de proximidad y no dependiente de un petróleo cada vez más caro.”

Más adelante comentaban que el proyecto empezaba a andar. La federación comarcal de asociaciones de vecinos apoyaba el proyecto cediendo una parcela de su propia sede para la creación de un huerto.

Y no paraban de sumarse agentes a la iniciativa de los huertos públicos. El jardín botánico de la Universidad de Alcalá ha puesto en marcha un proyecto de huertos ecológicos, “HuEco”, bajo el lema “Retorno a la tierra”. Consiste en poner a disposición de personas interesadas 44 parcelas de 64 m2 para que éstas, con la asesoría y ayuda que requieran del Jardín Botánico, cultiven sus propias verduras y hortalizas (o plantas de flor, o para reforestar) siempre y cuando se utilicen prácticas de agricultura ecológica y no se introduzcan ni plantas catalogadas como invasoras, ni especies prohibidas por la Ley.

Qué alivio y qué buenas noticias. No estaba desvariando ni alucinando. Es posible la agricultura urbana en las ciudades. ¿Y los corales?

Anuncios