EL PLAN DE SOLARES VACÍOS DEL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Hace unas semanas recibimos un mensaje de Ariadna, una de las personas que participan en el huerto urbano comunitario del barrio chino en Barcelona.

El mensaje incluía un link a un post aparecido en el blog de la Escola de LÍGOP. El post escrito en catalán hablaba de un programa impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona que cedía suelo público a entidades vecinales .  Algunos de estos solares cedidos serían destinados a crear huertos urbanos comunitarios.

El Ayuntamiento de Madrid comunicó hace unas semanas su intención de crear una red de huertos urbanos “legales”. En una noticia aparecida en el ABC  se explicaba concisamente la estrategia de cesión de solares por parte de la administración.

Noticia ABC red de huertos legales

Nos parece oportuno en estos momentos en que las instituciones tienden la mano a las entidades vecinales para promover proyectos participativos y autogestionados, traducir el post del blog de LÍGOP, pues como nos contaba Ariadna, “no es oro todo lo que reluce”, y  porque pensamos que no habría que desperdiciar la oportunidad de hacer algo “redondo” por parte de todos.

El artículo (pedimos perdón por los posibles errores de traducción):

Aquí en catalán

Pla Buit: ¿Políticas urbanas para el mientras tanto?

“Si hasta ahora los instrumentos urbanísticos para hacer ciudad se han basado,  en mayor o menor medida, en la capacidad de generar ganancias económicas, un experimento orientado para conseguir plusvalías sociales se ha de recibir, como mínimo, con optimismo.  El urbanismo más innovador pasa por el reciclaje, la rehabilitación, la reparación, la reconstrucción y la reapropiación de lo que es  de todos.  Microactuaciones colaborativas que, juntas, fomentan un cambio más profundo sobre cómo vivir en la ciudad.

Catorce solares públicos de Barcelona están a punto de ser cedidos  a diferentes entidades de la ciudad. Algo impensable hace pocos años cuando las  propuestas más innovadoras y atrevidas (ya sea por asociaciones de vecinos o ayuntamientos)  por dar un uso temporal a espacios urbanos  consistían en reconvertir solares en aparcamientos para coches. Más allá de la obviedad de que la crisis supuso una parálisis en la construcción, tanto pública como privada, y que los solares sin uso aporten sobre todo problemas, en el plan BUITS (vacíos urbanos con implicación Social y Territorial ) del Ayuntamiento de Barcelona se puede entrever  algo más que la voluntad de evitar la degradación de determinados espacios urbanos.

 Nueve de las catorce propuestas ganadoras destinaron  su solar a  cultivar frutas y verduras. En este sentido, el plan buits no  es un experimento tan nuevo: el área de medio ambiente del Ayuntamiento gestiona  desde finales de los años noventa la red de huertos urbanos,  consistente en doce huertos que,  divididos en pequeñas parcelas, son adjudicados a personas mayores de 65 años y personas en riesgo de exclusión social, a través de una cesión  temporal por  cinco años.

A estos espacios hay que sumar las numerosas iniciativas comunitarias de creación de huertos urbanos comunitarios que han estado proliferando en la ciudad y que han recibido un renovado impulso tras la eclosión del 15 M. La huerta indignada en Plaza Cataluña ya fue una declaración de intenciones que se concretó  en diferentes huertos por los  barrios de la ciudad. Entre los precedentes se puede citar el huerto del CSO  Vakeria en l ‘ Hospitalet, a principios de  la década de 1990, y por su larga trayectoria, enraizamiento en el territorio,  proyecto socio educativo y decidida apuesta por la permacultura, es obligatorio destacar los huertos periurbanos de Can Masdeu. Algunos ejemplos de cómo iniciativas  reprimidas por parte de las autoridades públicas son finalmente asumidas  y desarrolladas, a su manera,  por las  propias administraciones.

La principal diferencia del plan Buits respecto a sus precedentes es que ha habilitado un espacio, en el sentido tanto geográfico como simbólico, de  encuentro entre las iniciativas ciudadanas y el  Ayuntamiento para la reapropiación colectiva del espacio urbano. Así, los usuarios no son personas individuales como en el caso de la red de huertos urbanos, sino  entidades  sin ánimo  de lucro, especialmente las ubicadas en el barrio en cuestión. Tampoco se  restringe el uso a  la agricultura urbana, a pesar de haber sido la propuesta estrella, sino que  la convocatoria se abrió a propuestas  para usos educativos, recreativos, artísticos, deportivos, sociales o cualquier combinación de éstos. En una cultura de planificación urbana, basada  en la determinación del uso del suelo  y en una cultura política basada en la desconfianza  respecto a la ciudadanía, esta  apertura e indeterminación respecto a los usos supone una  innovación por parte del Ayuntamiento. Así, después del acuerdo de cesión, la gestión del espacio quedará  en manos de la entidad o entidades ciudadanas  que hayan  ganado el concurso (principalmente asociaciones  de vecinos y/o entidades  del tercer sector), en la línea de la gestión ciudadana de equipamientos  públicos que, contradictoriamente, nunca se ha impulsado decididamente por el gobierno local, tal y como denuncia  la plataforma de entidades para la gestión ciudadana.

Sin embargo, se trata de una “apertura” más que controlada,  especialmente en cuanto al proceso de preselección de solares  que han puesto a concurso. No están claros cuáles son los criterios que se han  seguido desde el Ayuntamiento, más allá de la distribución explícita por distritos y la coincidencia implícita de las reivindicaciones  vecinales de determinados solares, como el de los Germanetes. Un tejido vecinal renacido a la izquierda del Eixample (también de la mano del  15 M), que se ha aglutinado  alrededor del Recreant Cruilles,  será oficialmente el encargado de dar vida a casi 600 m 2 de espacio; sólo una pequeña parte, sin embargo, de los  5.500 m 2 reivindicados por el movimiento ciudadano. Seguramente que en la actualidad  el Ayuntamiento tendrá  un inventario de solares  de propiedad pública por  toda la ciudad y pondría la mano en el fuego que son más de los 19 que el Plan Buit ha puesto en juego. Además de responder a los procesos de reivindicación del espacio público ya en marcha, tal vez sería más lógico empezar por aquí: que fuesen los propios vecinos y vecinas , junto con la administración, los que valorasen qué espacios infrautilizados son los más adecuados, por ejemplo, dependiendo de las características del espacio, las necesidades del territorio o las potencialidades del tejido sociocultural para dotarles de actividad. Que haya quedado desierto la cesión de cinco de los solares es un síntoma de que la lógica topográfica y tecnocrática aún  no conecta del todo con la compleja realidad y las necesidades de los ciudadanos

Por lo tanto, se trata de una iniciativa muy interesante, pero también pobre. No sólo por el reducido número de espacios, sino también por la autolimitación de solares municipales. ¿Por qué no edificios municipales o propiedades de  otras administraciones, en lugar  de malvender, se ponen a disposición del tejido social? ¿O incluso todos los solares, locales y edificios privados en desuso? Es obvio que el hecho de que la propiedad sea  pública facilita el proceso, pero las administraciones públicas, si quieren, tienen suficientes herramientas e incentivos para hacer  cumplir la función social de la propiedad, recogida  en el artículo 33.2 de la Constitución Española. Un par de ejemplos que pueden ser inspiradora de cómo desbordar el actual Plan Buits: el Ayuntamiento de Milán, ahora dirigido por un gobierno de izquierdas, ha impulsado un ambicioso plan para reutilizar los espacios abandonados que no sólo incluye solares municipales, sino  también edificios  públicos y privados en desuso (al menos en la fase de diagnóstico). Así, se han cartografiado de forma abierta y participativa centenares de espacios en desuso o infrautilizados  en todos los distritos de la ciudad, y se han hecho públicos. Entre todos los espacios inventariados, a partir de  diversos foros regionales, se ha seleccionado uno para impulsar un programa  piloto , con el objetivo de que estas experiencias contaminen toda la ciudad. La potente política en la ciudad de Amsterdan de reutilización de  edificios y espacios en desuso para convertirlos en espacios compartidos podría ser otro ejemplo. Una ciudad que no se entendería  sin la potente historia del movimiento okupa y la complicidad pública, al menos hasta hace bien poco, para evitar la existencia de viviendas y locales  vacíos.

Los problemática de espacios, edificios y viviendas en desuso no pueden ser transferidos sin coste alguno para la ciudadanía. Como nos muestran los países escandinavos, una sociedad civil viva no es contradictoria con unos poderes públicos potentes, especialmente cuando estos últimos actúan en beneficio de la comunidad. Al principio del plan, la cesión de los solares incluidos en el Plan Buits  preveía el menor coste y así se recogía  en el baremo de puntuación de las propuestas. Los proyectos más autosuficientes económicamente recibieron una puntuación más elevada. Sin embargo, autogestión no tiene porqué significar desresponsibilización por parte de las autoridades públicas, tampoco en el ámbito presupuestario, y es obvio que la adecuación  de los solares requerirá ciertas inversiones, que habrán de ser asumidas, en gran parte, por la administración.  Por citar una experiencia más cercana, el pionero programa “esto no es un solar” en el centro histórico de Zaragoza ha tenido un coste de 1 millón de euros para acondicionar 14 solares . Podemos hablar de urbanismo low-cost, pero no a coste cero.  Las instituciones sociales, culturales y vecinales también sufren los efectos de la crisis, ya sea a través de las contribuciones voluntarias como por la reducción de las subvenciones públicas. La falta generalizada de recursos deberá  suplirse  además con la colaboración entre las autoridades públicas, propietarios, comunidades y/o emprendedores que deseen reapropiarse de los espacios urbanos en desuso. Iniciativas como la custodia urbana, inexplicablemente despreciada por la administración, van precisamente en esta dirección.

Para mal y para bien la crisis está cambiando muchas cosas. El  Urbanismo de hoy ya no pasa por los grandes eventos, ni por grandes proyectos urbanos, ni por los arquitectos estrella. Ni tan solo por construir, hecho que compromete a la arquitectura tanto como disciplina,  como por la lógica del urbanismo basado en crecimiento ad infinitum. El urbanismo más innovador pasa por el reciclaje, la rehabilitación, la reparación, la reconstrucción y la reapropiación de lo que es  de todos.  Microactuaciones colaborativas que, juntas, fomentan un cambio más profundo sobre cómo vivir en la ciudad. Prestar atención no sólo a la forma, sino también la cómo fluyen las relaciones sociales, a las percepciones, a los usos y especialmente a las necesidades de nuevos espacios de sociabilidad, creatividad y producción. El plan Buit tímidamente apunta en esta dirección, pero sin embargo queda la duda de si es fruto de la crisis o más bien se trata de un cambio más profundo en la manera de hacer ciudad.

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