MILA SE KÓKINO KRASÍ

Este verano dos participantes del huerto de Adelfas visitaron durante sus vacaciones varios huertos comunitarios de Grecia.  Por la la hospitabilidad y el buen trato dispensado a nuestros corresponsales nos comprometimos a dedicar a nuestros colegas helenos una receta de cocina sensorial.

Desde el toque surreal e irónico que caracteriza al recetario de la Rehdmad, nos atrevemos a revisitar un postre que utiliza uno de los pilares de la repostería griega, la fruta en almibar.

Ingredientes

1 kilo de manzanas Reineta

Azúcar

1 botella de vino tinto

Licor de rosas

1 chincheta

El desánimo se ha instalado en tu casa. Son ya tres meses en los que la apatía se ha posado sobre el polvo de los muebles, penetrado en las grietas del parqué, densificado el aire de tu habitación.

Has perdido el trabajo, la novia y lo que es más preocupante, veinte mil gramos de peso. Por no hablar de tu afición al vino a granel que acentúa tu estado de letargo. Lo primero es recuperar los buenos hábitos alimenticios, lo demás vendrá detrás.

Lávate la cara, pulveriza unas gotitas de licor de rosas en el cuello, y baja a la frutería a comprar un kilo de manzanas Reineta. Hoy empezarás a comer como un aristócrata.

Aunque en casa tienes vino de sobra cómprate una botella de vidrio de cuello fino, es indispensable para empezar a beber menos y comer más fruta.

Ya en casa vacía el corazón de las manzanas de forma que puedas ver a través de ellas.  El perímetro del agujero será del tamaño del cuello de la botella. Rellena la botella de vidrio con tu vino de tetrabrik caliente e inserta la manzana en la botella.

Acerca la botella a la boca y da un primer bocado a la reineta. Tritúrala levemente. Coge un puñadito de azúcar y mézclalo en el gaznate con la pasta de manzana. A continuación echa un trago de vinacho caliente, de esta forma conseguirás el efecto almíbar en tu garganta.

Nota la dificultad de beber a morro con la manzana insertada en el cuello de la botella, además de ponerte perdido la camiseta, la mezcla tan empalagosa apenas te permite tragar.

Cuando hayas terminado de comer la primera manzana, aunque el acceso a la ingesta de vino ya será más fácil, despreciarás el vino y sólo tendrás ganas de beber agua para poder despegar las mandíbulas.

El agua ejercerá un efecto revitalizador, te limpiará de taninos los intestinos y te abrirá el apetito. La apatía comenzará a marcharse por debajo del quicio de la puerta. Tú también querrás respirar otro aire distinto al de tu habitación.

Te han entrado ganas de volar, de viajar. Bueno, poco a poco. Primero actualizas tu CV en infojobs y metes tu perfil en Meeting. A continuación coges una chincheta, cierras los ojos y sobre un atlas la clavas soñando con un lugar paradisiaco  en el que tomarte un verdadero postre de manzanas al vino tinto. Abres los ojos. Grecia

Como siempre un video tutorial:

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