CALAMAR EN SU TINTA SUPREMATISTA

Todo a tu alrededor es barroco. Demasiado peso en la mochila emocional que cargas a diario. Necesitas desprenderte de todo lo superfluo, abstraerte y volver a lo básico en tus necesidades.

Y como casi siempre, todo empieza con la comida. Somos lo que comemos. Con esa convicción te encaminas a la pescadería del barrio. Pides un calamar fresco. No sabes cómo lo cocinarás, pero tienes claro la misión. Buscar la esencia.

En la cocina de casa el cefalópodo y tú intercambiáis miradas. Del interior de sus ojos negros llega la señal. Abres el calamar y extraes la bolsa de tinta. El resto de su cuerpo lo tiras a la basura. Te sobra la materia, te enredan sus tentáculos. Buscas la esencia. No puedes despistarte.

Te giras marcial hacia el armario de la cocina y coges una bandeja rectangular blanca impoluta. Esparces la tinta negra sobre ella. La extiendes hasta conseguir un cuadro negro suprematista. La abstracción perfecta. El negro sobre el blanco, la ausencia de la forma.

Deslizas dos dedos por la tinta. Con los dedos embadurnados de negro te pintas dos rayas paralelas oblicuas debajo de cada párpado. En el espejo del baño intercambias miradas con tu yo suprematista.

Del cajón de la mesa de la cocina sacas un cuchillo. Lo introduces en el calcetín de tu pie derecho. Bajas a la calle, tienes hambre. No sabes cuándo regresarás. Buscas la esencia. El instinto te guiará. No te quedarás sin comer.

Esta receta no incluye vídeo tutorial. Basta con cerrar los ojos o apagar la luz. 

Anuncios