¿CÓMO DEFINIRÍAS UN HUERTO URBANO?

¡Qué gran pregunta! Seguro que cada persona tiene una definición para esta cuestión. Dependerá si es afín o no a los movimientos ciudadanos, si se preocupa por la alimentación saludable, del personaje de rol que le ha tocado al desarrollar su profesión ( técnico urbanista, antropólogo, maestro, fontanero, parado de larga duración, …) o su vida ociosa ( freaky del arduino, padre primerizo buscando parque para su niño, mujer con pasado rural, hedonista hiperactivo…), de su estado de ánimo en el momento de la pregunta, etc…

Navegando por los mares de internet nos hemos encontrado con una definición que nos ha gustado mucho. Aparece en el blog Carabanchaleando, un espacio de investigación sobre las periferias urbanas.

En la sección “Diccionario de las periferias” dan su definición de huerto urbano:

Huerto urbano: agricultura en espacios urbanos. Encontrados muy habitualmente en lugares conocidos como descampados (ver descampados) o solares (ver solar) pero también en jardineras o cualquier otro espacio en el que algo sea susceptible de crecer y se encuentre dentro de la ciudad. La diferencia con los dos anteriores (descampados y solares) es que en este caso se encuentra en estado de reapropiación por grupos de vecinas que habitualmente no viven lejos del mismo, con el objetivo de añadir a los usos humanos que ya tiene de vertedero y escondrijo unos más abiertos y colectivos: la producción de fruta, verdura y relaciones sociales en diferentes proporciones. No podríamos olvidar en ningún momento que aunque para las autoridades e incluso para muchos vecinos este espacio solo tuviera usos marginales o degradantes, antes de la reapropiación u okupación, el solar o descampado en el que se encontrará el huerto ha sido y es usado por multitud de especies no humanas que entre otras cosas convierten los escombros y la basura en tierra y el CO2 en oxígeno, contribuyendo al metabolismo urbano. Estos seres que siempre han estado ahí se adaptarán a los nuevos usos con mucha más facilidad que la policía y los urbanistas tradicionales.

 El proceso de reapropiación, consistente en arrancar de las manos de la especulación inmobiliaria y del control estatal un pedazo de ciudad para transformarla, y que tiene una vertiente física, otra simbólica y otra jurídica, suele empezar con la entrada en el lugar, la selección de un nombre y la defensa del espacio ante posibles ataques, casi siempre de las fuerzas del orden, ante los cuales cabe la respuesta jurídica y legal, la resistencia desobediente o en la mayoría de los casos una mezcla de ambas. Este conjunto de procesos continúa indefinidamente en la misma medida en que el espacio cambia y cambian los hortelanos. Normalmente termina de forma violenta cuando alguien ajeno al huerto decide construir algo encima o simplemente echar a las personas y a otros seres que lo usan, para mantenerlo irracionalmente subutilizado.

La mayoría de estos espacios, cuando no se institucionalizan en el sentido estatal del término, se organizan de forma horizontal y asamblearia, si bien el desorden, la descentralización en la toma de decisiones y la autonomía personal son prácticas muy valoradas en algunos huertos, sobretodo en los que en el grupo de hortelanos hay afinidad suficiente.

Estos lugares además estan en continuo proceso de cambio y crecen orgánicamente. En un momento dado el crecimiento físico del huerto es rápido: se cavan bancales rápidamente, se hacen semilleros y se plantan, se fabrican las composteras, se busca un armario para guardar la herramienta y se instala un deposito de agua, por ejemplo. Una vez pasada esa etapa, el crecimiento físico del huerto se ralentiza: se amplía un bancal aquí, se hace un mini bancal para las plantas aromáticas allá, se instalan las guías de las tomateras… y el espacio en vez de crecer se complejiza. Las interrelaciones entre las plantas aumentan, y entre plantas, animales no humanos y humanos también. Los usos crecen y se diversifican: se recoge progresivamente una cosa mientras se planta otra, se dejan algunas plantas espigar para recoger semillas y otras se recogen para comer, se hacen cartelitos para saber qué es qué, se hace una merienda, aumentan las usuarias de todo tipo de especies, entre ellas se transmite el conocimiento, se recuperan capacidades y habilidades productivas y sociales y los ciclos se empiezan a repetir año tras año igual que en los huertos no-urbanos…

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