TRAMPANTOJO DE BRÓCOLI CON QUINOA ?

Cuatro meses comiendo de tupper han dejado bajo mínimos tu creatividad culinaria: Pasta, arroz, tomate, atún y pepinillos han sido los elementos que has ido combinando a lo largo de tu calvario gastronómico.

Cuatro meses de trabajo rutinario han afectado a tu ritmo vital. Han conseguido separarte de la cocina, el único lugar donde has podido expresar todo el potencial creativo que almacenas en las hélices de tu ADN.

Tu rabia es tan grande que decides dejar el trabajo y no agotar tu contrato laboral hasta el final de año. Necesitas inventar. Recuperar tu pasión. Volverte a enganchar a la emisión del programa de Master Chef. Los madrugones laborales te han impedido seguir tu biblia televisiva.

El primer día después de la era tupper te estiras, extiendes el capote y te lanzas al ruedo de la cocina con un Miura: Un trampantojo.

Tras 20 minutos de reflexión, de búsqueda interior, visualizas el plato: Trampantojo de Brócoli acompañado con Quinoa.

Primera dificultad. Eres casi un carnívoro irredento. Pero el primer obstáculo te motiva. Notas los sudores previos al éxtasis. Abres la nevera y rescatas media docena de bolas de carne picada.

Un temblor te recorre todo el cuerpo. Necesitas teñirlas de verde para tu Frankestein. ¿Con qué? Recuerdas que tu vecino es un vegetariano radical. A estas horas estará en el trabajo. Tienes las llaves de su casa, porque a pesar de vegetariano es amigo.

Ya estás en su casa. Su nevera es un vergel, un amazonas de hortalizas y frutas. Le hurtas dos aguacates y un puerro.

Vuelves a tu cocina en trance. Te pones mano al diseño. Con agua, harina y miel preparas un pegamento ecológico que extiendes por cada albóndiga de carne. Voilá, tienes la estructura de brócoli.

A continuación pelas el aguacate, extraes la pulpa, la machacas y la pegas en la estructura molecular que has construido anteriormente.

Ya tienes la parte superior que calca la copa del brócoli. Para imitar el tallo insertas el puerro por la parte inferior, tiñéndolo con el preparado de aguacate.

Sólo falta la quinoa. ¿Pero qué es la quinoa? No la has comido en tu vida, si la tuvieses delante de tus ojos no sabrías reconocerla.

Te vienes abajo. Ha sido un reto demasiado extremo tras una travesía por el desierto. Sin embargo, en tu ADN creativo, junto a los genes sociales, se alumbra una lucecita que te envía una señal: Quinoa, Quihnoa, Qinhoa,…Ainhoa

Coges el móvil y llamas a tu amiga Ainhoa de “Esta es una plaza”. La invitas a comer. No se te ocurre mejor compañía con quien disfrutar de una comida en alguna terraza de Lavapiés.

Sí, lo que tenías era antojo de Aihnoa. ¡Qué maja es la condenada!

Como siempre un vídeo tutorial que os ayudará a la elaboración de la receta sensorial

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