CARPACCIO DE CANGURO CON TELLINAS

En tu segundo día de vacaciones en una playa de Cullera quieres recuperar algunas de las tradiciones culinarias que practicabas con tus padres cuando eras una niña: La pesca artesanal de la tellina.

Era mágico meterse al agua con unas gafas de bucear eternamente empañadas, limpiarlas restregando un puñado de tierra, introducir las manos bajo la arena y empezar a sacar toneladas de esos divertidos moluscos bivalvos con forma de triángulo abovedado.

Aunque la población de tellinas ha disminuido drásticamente por las prácticas insostenibles de arrastre, confías en capturar unas decenas para prepararlas de aperitivo al ajillo acompañadas de un vino blanco de la terreta.

Así que te enbikinas, agarras las gafas de nadar de tus sobrinas ( estupendas, permiten reconocerte aún con ellas puestas), la sombrilla y te encaminas hacia tu reto sensorial.

Como te levantaste tarde has plantado la sombrilla a 60 metros de la línea de costa. Llegas algo agotada a la orilla. Recuperas el aliento, andas 100 metros y cuando el agua  te cubre por la rodilla te agachas y comienzas a cavar en la arena.

En los 10 primeros minutos de pesca artesanal no obtienes ninguna presa. Cambias de estrategia. En vez de excavar muchos pequeños hoyos, decides centrarte en horodar sólo un agujero, pensando que así encontrarás el nido de tellinas o la tellina madre alrededor de las cuales se concentrarán los codiciados moluscos.

A la media hora ya tienes medio cuerpo dentro del agujero. Eres una chica tenaz. Cuando te propones un reto sueles cumplirlo. A la hora y media ya estás completamente dentro del agujero.

Llevas ya tres días dentro del hoyo y sólo has encontrado conchas vacías, algún cangrejo despistado, y un pez que durante muchos años pensaste que era una leyenda de padres, el pez araña.

Casi no te quedan uñas, pero sigues percutiendo contra el fondo marino. Ni rastro de tellinas. Al quinto día, agotada, das con una pradera de posidonia. Aprovechas para cazar unos pulpitos y descansar sobre su aterciopelado lecho verde.

Al séptimo día, cuando ya casi estabas a punto de darte media vuelta, vislumbras una zona iluminada. Horadas con más rapidez y …¡tus manos ya no tocan tierra! Estás aleteando el aire. Sacas la cabeza. Has llegado hasta una playa llena de surferos rubios, con marcados abdominales.

Fuera del agua oteas el entorno. Te diriges al chiringuito, estás sedienta. Pides una cazaña y un vaso de agua. El camarero no te entiende. ” What do you want, darling?

Se te fue la mano cavando. La bandera que ondea en el chiringuito indica que estás en una playa australiana. No queda otra que adaptarse al entorno. El menú llama tu atención. Plato único: Carpaccio de canguro.

Pides uno. Mientras esperas te palpas la parte delantera del bikini. Se te colaron tres tellinas durante la excavación. Perfecto, no se te ocurre mejor aperitivo mientras esperas catar por primera vez este mamífero saltarín. Luego irás a relacionarte con los aborígenes.

Como siempre, un vídeo tutorial.

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