Matrioshka de patatas con salsa shakespeariana.

El confinamiento por la pandemia del Coronavirus está despertando en la población inquietudes culinarias que dormían en algún lugar de nuestro cerebro durante el periodo del Antropotupper.

El teletrabajo, los Ertes, la necesidad de mantener ocupados a nuestros locos bajitos en tareas creativas, han convertido la elaboración de recetas en un salvavidas emocional. La febrícula por mantenernos diariamente ocupados ha dotado a los alimentos de un poder hedonista del que carecían: Levaduras, harinas, chocolates, frutos secos, se erigen en las nuevas drogas de diseño que ahora se consumen abiertamente en familia, alrededor del fuego iniciático de las cocinas.

Zombis del azúcar y los sucedáneos hacen cola para entrar en los Supermercados de las grandes cadenas de alimentación, que se han constituido en los nuevos centros sociales del consumismo lúdico.

Desde nuestra sección de cocina sensorial queremos parar esta tendencia insostenible con una receta que nos ayude a recuperar un consumo responsable.

Ingredientes

3 Patatas a granel de tamaño decreciente

Hilo dental

Leche

1 pincel

Guisantes

Huevos de corral

Elaboración

patata1

Coge la patata más grande que tengas ( la número 1 ) y pártela por la mitad. Vacía las dos mitades con una cucharilla dejando un centímetro de grosor en cada mitad para que conserve algo de consistencia. Reserva la patata extraída, la utilizaremos más adelante.

Repite la misma operación con otra patata de menor tamaño que la anterior (la número 2). No olvides reservar la fécula extraída.

Escoge ahora una patata ( la número 3 ) bastante más pequeña que la número 2. Haz dos pequeños orificios en la superficie del tubérculo e introduce dos guisantes, uno por agujerito.

patata3

Después de estos pasos sencillos viene la parte más complicada de la receta:

Introduce la patata 3 dentro de la patata 2. Sella las dos mitades de la patata 2 con un pincel impregnado en huevo de corral que previamente habrás batido. Si no tienes pincel no se te ocurra hacer un pedido por Amazon, introduce una falange en el huevo ( previo lavado de manos ) y pásalo por el contorno de las dos mitades.

Una vez cerrada la patata 2, introdúcela en la patata 1 vaciada. Para que no se desensamblen las patatas haz un nudo con hilo dental en los extremos.

Ya tienes la matrioshka de patatas. Ahora métela en el horno durante 10 minutos 180 grados. Mientras se hace, recupera la fécula extraída de las patatas 1 y 2 para preparar un puré de patata.

Cuece el contenido de los restos de fécula en una cazuela. Cuando la masa de patata esté tierna añade un vasito de leche y remueve hasta obtener un consistencia de crema.

Para la presentación dispón la matrioshka de patata en un plato blanco y recúbrela completamente con el puré de patata. Deja enfriar 10 minutos antes de proceder a la ingesta.

El modo correcto de comer este plato es remangarse bien la camisa e introducir las manos en el puré como si estuvieses en el bancal de tu huerto en busca del preciado tubérculo.

Una vez con la matrioshka en la mano desencaja las mitades hasta encontrar la patata 3. Mirando a los ojos de guisante , con voz impostada, sal al balcón o terraza de tu casa a las 19:59 y recita:

“¿Huerto confinado o huerto abierto? He ahí la cuestión”

A no ser que ese día ocurra la mayor tormenta con aparato eléctrico de los últimos 50 años recibirás un aplauso unánime. Es muy posible que la receta se vuelva tan viral que el Gobierno decrete el permiso para volver a los huertos urbanos comunitarios a realizar labores hortícolas”

BIOMÍMESIS DE PIMIENTOS A LA SARDINA MECÁNICA

Esta alerta sanitaria que estamos viviendo tendrá consecuencias en todos los sectores de la cadena agroalimentaria. Aún no sabemos si para bien o para mal. Lo que parece claro es que tendremos que reinventarnos una vez salgamos del confinamiento y empecemos a recuperar la normalidad nutricional.

La cocina sensorial que impulsamos desde esta sección del blog no será ajena al cambio. Debemos investigar nuevas recetas en un escenario de escasez de alimentos fruto de la crisis sistémica que se avecina.

Jorge Riechmann, filósofo, ecologista y economista, uno de los gurús de la agroecología, lleva años predicando el decrecimiento y la biomímesis ( la naturaleza como fuente de inspiración de tecnologías innovadoras para resolver aquellos problemas humanos que la naturaleza ha resuelto ) como alternativas al actual modelo de consumo que entiende el planeta como una fuente de recursos infinita .

Tomando los principios de Riechmann, la cocina sensorial debe ir un paso más allá, inocular los procesos de biomímesis en la misma naturaleza. Los recursos alimenticios deben biocamaleonizarse. En este nuevo periodo que se abre, el posthumano debe ser el catalizador de conductas biocamaleónicas, el ARN que posibilite la mímesis nutricional entre los distintos tipos de especies que puedan ser engullidas.

Esta receta que compartimos supone un cambio de paradigma . Se adelanta a los nuevos hábitos alimenticios que experimentaremos tras la era del post-confinamiento.

Ingredientes

Una lata de sardinas

10 pimientos verdes

Una cuchara de madera

Un trozo de plástico reutilizable

Una goma

Unos palillos chinos

Un tiesto con arena

Música calentita

Una terraza

Elaboración

Coge un cuchillo bien afilado y corta un pimiento en 2 mitades. Recorta en crudo la parte inferior del pimiento. Esta parte servirá como patrón para conseguir un cardumen de pimientos asardinados integrado por al menos 10 individuos.

pimiento asardinado

A continuación abre la lata de sardinas. No retires completamente la tapa. Vacía su ictiofauna sin escurrir el aceitillo , es el mar en el que nadaran las siluetas de pimientos.

Introduce el cardumen de pimientos asardinados y cierra la lata (envuélvela en un trozo de plástico sujeto con una goma para que no se vierta el líquido).

Cuando den las 20:00 h sal a la terraza con la lata de sardinas, la cuchara de palo y los palillos chinos. Golpea la lata con la cuchara violentamente durante al menos 5 minutos.

Tras el tsunami sonoro saca los pimientos asardinados e insértalos en los palillos chinos, a modo de espetos. Introduce los palillos-espetos en una maceta rellena de arena.

Para terminar el proceso de biocamaleonización busca una canción con fuego en tu teléfono móvil, previamente conectado a unos altavoces, para calentar los pimientos asardinados y compártela a todo volumen con tu vecindario.

Terminada la canción, es el momento de probar ese cardumen de pimientos con sabor a mar.

Os sugerimos el siguiente tema musical que marida a la perfección con la primera receta del postconfinamiento

 

Algoritmo de alcaparras

Nos hemos propuesto el reto de crear la primera receta de cocina sensorial con algoritmos de IA ( Inteligencia Artificial ) .

Para introducir el marco conceptual de la receta nos pondremos el delantal de artista contemporáneo que se suma al debate de la IA, aportando su perspectiva específica y poniendo atención a las cuestiones de creación de imágenes, la creatividad y el uso de la programación como herramienta artística.

El artista Paul Klee definía a menudo el arte como “ hacer visible lo invisible”. En tecnología informática, la mayoría de los algoritmos operan de manera invisible, en un segundo plano permanecen inaccesibles en los sistemas que utilizamos a diario. Sin embargo, últimamente se ha producido un interesante regreso a lo visual en el aprendizaje automático ( machine learning ) . La forma en que los algoritmos de aprendizaje profundo ( deep learning ) de la IA procesan los datos se ha hecho visible por medio de aplicaciones tales como DeepDream, de Google, en el que el reconocimiento informatizado de patrones y formas se visualiza en tiempo real.

Tras esta breve aclaración cibernética, para elaborar la primera receta sensorial con inteligencia artificial aplicaremos nuestros conocimientos de artistas ciudadanos para comprender e interpretar esas imágenes, no corriendo el riesgo de exagerar nuestras expectativas respecto de la IA y caer en una EA ( estupidez artificial )

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Hoja de col al estilo Tex Mex-3R

Quien se haya comido alguna vez una hoja de col, berza, brocolí o romanesco y haya experimentado un tobogán de sensaciones organolépticas que dé un paso al frente o recite un verso de Bertol Brecht en su lengua materna.

Vemos que ningún seguidor de estas recetas recita en alemán. No os sintáis mal, una hoja cocida de brassicas no está entre las 10 cosas más interesantes que uno no debe perderse en un viaje a Alemania.

Con la propuesta de esta nueva receta de cocina sensorial intentaremos convertir una simple hoja de col en un plato que os transporte a la sabrosa frontera gastronómica entre Texas y México, a la famosa comida estilo tex-mex.

Pero iremos un paso más allá, añadiremos a la receta de fusión una dimensión ambiental, fomentando el no desperdicio de alimentos.

Ingredientes

– Una hoja de col.

– Una salsa de pimientos Oleoresina puro premiun.

– Un botella de tequila.

– Dos pistolas de juguete. ( si no tienes, un par de fuets ).

– Un pack de yogures caducados ( si no tienes, cualquier lata o producto en dudoso estado que duerma en la nevera ).

– Un sombrero de paja.

Elaboración

Acude al huerto urbano de tu barrio y pide un par de hojas de col que no vayan a echar al compostador. No importa si tienen algún agujerito producto de la acción devoradora de las orugas.

Ya en casa ( no hace falta que laves la hoja ), aplica sobre ella la salsa de pimientos Oleoresina puro premiun. Como nos cuenta en su blog Jordi Blanchadell, este extracto de pimienta es uno de los más picantes del mundo, sólo apto para faquires del picante.

Con tres gotitas bastará. Antes de ingerir la col chingona, pon a mano el tequila y los productos de consumo que tengas pasaditos de fecha por casa.

Cúbrete la cabeza con el sombrero de paja, introduce las pistolas en los bolsillos del pantalón ( o las barras de fuet si no quieres usar plástico ) y muerde un cachito de col con salsa.

Al instante notarás un fuego interior abrasador ( un calor 9 millones de veces mayor que andar descalzo por la arena de una playa mediterránea un día de canícula veraniega ). Agarra el tequila y toma tragos largos, como si llevarás una semana sin beber agua.

Aún sentirás derretirse tus vísceras. Es el momento de comerte todos los productos caducados que encuentres por casa, el picante matará cualquier hongo o patógeno.

Sigue bebiendo tequila, güey. Desenfunda las pistolas o las barras de fuet. Grita “Viva México Cabrones”.

Cuando se haya pasado el quemazón de garganta intenta hablar. Si no puedes manda un whataspp a tu lugar de trabajo contándoles que has pillado una gastroenteritis y no irás a trabajar mañana.

Aprovecha para echarte una siestecita de 3 horas al estilo tex-mex, el estrés laboral te está pasando factura. Cúbrete los ojos con el sombrero de paja para que no te desvele la claridad.

Si no puedes conciliar el sueño por el infierno interior, te sugerimos escuchar la siguiente melodía fronteriza mestiza para caer en brazos de Morfeo.

Pizza con cookies al té verde

 

Hace unos días me llegó a través de una red social un artículo de Elizabet Roselló sobre el diseño ficción. El texto empezaba con tanta fuerza que me enganchó hasta el final:

Ante las nuevas lógicas y modelos de sociedad, cultura y economía, se necesitan nuevos imaginarios de futuro y nuevas herramientas para construirlos. El diseño ficción es una nueva metodología que nos permite prototipar objetos tangibles, con una estética concreta deliberada y una propiedad narrativa implícita. Con estos objetos podemos viajar a escenarios de futuro y reflexionar sobre cómo queremos nuestro mañana”.

El artículo despertó en mí el ejercicio de prototipar una receta de cocina sensorial que me transportase a un futuro deseable, que era definido en el artículo como el futuro deseado por la sociedad o por un colectivo específico.

Como un grupo de amigos del huerto urbano de mi barrio queríamos viajar a Londres para entrevistarnos con agrourbanitas guiris, acepté el reto de Roselló de diseñar una herramienta para prototipar un viaje a nuestro futuro deseable a través de la cocina.

El prototipo sería diegético: mediante un objeto tangible (utilizándolo o viéndolo), me adentraría en el escenario ficticio al que pertenecía y así cuestionaría ese escenario.

Con la receta diegética en la cabeza llamé a mis amigos. Los cité en mi casa a las 17:00 en punto. Les dije que trajesen las mochilas. Nos íbamos a Londres.

Ingredientes para la receta de diseño ficción

– Una pizza Low Cost ( mejor congelada )

– Té verde ( del bueno, no compres marca blanca, please )

– Surtido de cookies

– Burlete de espuma

Elaboración

La pizza será el objeto tangible que ejercerá de ingrediente diegético. A pesar de ser un producto que relacionamos con Italia ( góndolas, camisas a rayas, gafas de sol molonas ), cuestionaremos su identidad geográfica y nos servirá como vector para transportarnos a nuestro futuro deseable: Londres

Sigue estos pasos si tú también quieres ir a Londres a coste de pizza congelada:

– Revisa las ventanas de tu casa. Asegúrate que están bien aisladas de corrientes de aire. Si no es así, coloca tiras de burlete.

– Una vez revisadas. Cierra todas las ventanas.

– Introduce la pizza en el horno a las 09:00 a.m. o’clock. Prográmalo a 250 grados durante ocho horas.

– Coloca las cookies en la mesa del comedor antes de las 10:00 a.m o’clock.

– Prepara el té a las 10:10 a.m. Una vez caliente, viértelo en un termo y ponlo junto a las cookies.

– A las 11:30 ya debes sentir picores en la garganta y escozor de ojos. Es la señal para salir de casa. Vístete con unos pantalones rojos a cuadros y aprovecha para hacer los recados rutinarios por el comercio local del barrio. Si es día de mercadillo acude para ir entrando en situación.

– A las 16:55 regresa al portal de casa a recibir a tus amigos

– A las 16: 58 subid por las escaleras hasta la puerta de la casa.

Si has programado bien el horno al abrir la puerta de casa una bruma gris habrá invadido todas las estancias. Si la niebla es muy densa cubriros con un pañuelito las vías respiratorias.

Invita a tus amigos a pasar al comedor donde les estará esperando las cookies y el té verde. 

Cuando la atmósfera se vuelva anaeróbica y echéis de menos la comida de España abrid las ventanas y regresad. 

Como siempre, os adjuntamos una imagen guía para iluminaros en la elbaoración de la receta

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